CAP 3. Ahí estamos

Actualizado: 2 may 2020
Quién dijo que tu silencio no tiene valor, o que tu pausa no tiene un sentido, o que tu vacío es una pérdida , algo negativo?, quién dijo que estar perdidos no es válido, que perdonarnos es casi imposible, o que ver el dolor ajeno ya no es algo que importe, o que lo que importa realmente son las grandes cosas, a eso aspiramos a lo material y por dentro nunca nos asomamos, es porque no tiene un valor económico o no tiene un fin u objetivo claro?, quién nos colocó esa idea?...
Sabes, el silencio tiene un valor importante, así como el de las palabras, tal vez este le de paso a poder acomodar ciertas emociones, sentimientos, ideas, etc., tal vez del silencio han salido muchas veces lo que sigue en el guión de nuestras vidas, lo que hay detrás de nuestros pensamientos que en ocasiones son difíciles de poder ordenar.
Tal vez de nuestra pausa sale el impulso de poder continuar en ese camino que es nuestro, y que a veces nos deja paralizados, quizá nos estamos desarmando y qué hay con eso?, podemos desarmarnos y volver a reconstruirnos las veces que sean necesarias (valemos la pena, mejor dicho valemos la alegría no hay duda). De repente en eso consiste esta vida, venimos a ser mejores, a trascender después de todo y son justamente todas esas PAUSAS y VACÍOS que nos hacen ser mejores que ayer, más sabios con respecto a nosotros mismos, porque hay un mundo infinito ahí dentro. Ese vacío del que finalmente sale esa pequeña luz, después de haber cargado con tanto, y en el último minuto nos iluminan, no sabemos cómo, pero sale desde lo más profundo de cada quien. Vacíos oscuros que se convierten como en un lago brillante en el cual podemos vernos reflejados, porque así como dicen por ahí, de lo más caótico sale una oportunidad, opciones de ver la vida desde otra perspectiva. Quizá la vida sólo quiera que comprendamos desde lo más profundo que seamos felices con lo que tengamos, y compartiéndolo con los demás, esa luz que con la que cada persona viene a esta vida y con la sola misión de proyectarla.
Tal vez, sólo tal vez nos piden que sonriamos pero no como colocarnos una careta para hacer una obra, sino sonreír desde lo más profundo del alma, que aprendamos de nosotros mismos, que escuchemos nuestra voz interior, y no sólo la de los demás, porque podríamos llegar a vivir para ellos, preocupados y siempre al tanto del que dirán. Quizá la vida sólo nos invita cada día a contemplar nuestra belleza interior porque aún queda, a pesar de todo lo que se ve el la TV día a día, aún hay personas que sueñan despiertos, aún hay personas que tienen fe en la humanidad, y en el mañana…
Y es que tal vez al finalizar el día nos definan nuestros silencios, nuestras pausas y vacíos, y son los desastres (a veces) incontables ante otros (porque duelen al ser repetidos en cada palabra que usamos), pero a la vista de muchos realmente (con las acciones, errores y tratos, lo que se ve por fuera, es decir nuestro comportamiento), y entra la confusión de comprender nuevos mundos, mundos tan diferentes al nuestro (otras personas quienes tienen sus experiencias, su visión propia del mundo), y ocurren solo dos cosas una explosión o un enganche tan perfecto, en que podremos sobrevivir o morir en el intento (cuando intentamos comprender un nuevo mundo , AL OTRO). Pero aún así siempre estarán presentes el silencio, la pausa, y el vacío; permanezcan o no poco o mucho, cada uno tiene una etiqueta con un tiempo determinado, quizá vaya cambiando conforme pase el mismo tiempo, o quizá vaya acortándose conforme crecemos, maduramos (porque entre más experiencias, quizá más lleguemos a entender qué ocurre con el otro, pero sobre todo con nosotros mismos ante distintos hechos) pero existieron, y ahí viene la pregunta. ¿Los tomamos o los dejamos en el olvido?, vivimos con ellos día a día, optamos por verlos? O simplemente es más fácil hacernos los ciegos?, los valoramos? ¿O los dejamos pasar?, los usamos para bien, o tal vez lo ignoramos como quien ignora el dolor ajeno, la pérdida de empatía con los demás y con nosotros mismos, o tal vez sea al revés lo que ocurre, esperamos tanto de los otros, por el simple hecho de que damos tanto, o que toleramos tanto al otro, le pasamos una y mil cosas por alto, perdonamos, pero que hay con uno mismo?, no nos toleramos, inclusive no nos perdonamos por ser de determinada manera, no nos aceptamos ni siquiera, sin darnos la oportunidad de ser mejores que ayer, presionándonos, haciéndonos vivir de prisa, tan de prisa que en camino se nos olvidaron en algún momento ver los pequeños detalles, que finalmente terminar por ser los más gigantescos. Nos damos esa oportunidad? , no lo creo, en más de una ocasión habrá sido parte de un texto y en el papel escrito por alguien quien quiso compartir la reflexión, y a lo mejor en el mejor de los casos se quedaron más los 5 minutos posteriores pensando, y ahí quedó; salimos de esta profunda pero cortísima reflexión y nuevamente comienza la prisa, comienza la carrera, sin final. Y ahí estamos nuevamente, preparados para ya ir a dormir, o almenos intentarlo, ahí con nuestro silencio, pausados, quietos, y sin ninguna arma, para salvaguardar nuestra calma. Nos quedamos pensando en todo lo que ocurrió en casa, en el trabajo, con la pareja o con los amigos, si es que tenemos, en el mejor de los casos, olvidando las cosas buenas, enfocados siempre en lo que hicimos mal, en lo negativo que dijo el jefe hoy tomando su café, o tal vez enfocados sin poder conciliar el sueño por pensar en que las relaciones se terminan , y los amigos son pasajeros., creyendo que tenemos la vida comprada como quien usa su tarjeta de crédito para comprar un pantalón. Vale el desvelo? Vale enfocarnos sólo en lo negativo?
Identificamos cuándo cambió nuestro chip?, quizá ocurrió cuando eramos niños, quizá en la adolescencia, y todo ello pasa por nuestra mente, como si pudiéramos tener la certeza de que mañana seguiremos pensando y regocijándonos en lo absurdo de lo que ya pasó. Y es que no nos dicen que somos capaces de decirnos a nosotros mismos que mañana todo estará bien a pesar de que el mundo esté de cabeza, no nos enseñaron a decir, ¨mañana será un mejor día, no hay problema¨, ¨mañana seré mejor ser humano, hoy me comporté de esta manera, mañana pondré mi mejor esfuerzo, ¨lo intentaré hasta que pueda tener un buen resultado¨, ¨seré positivo¨, ¨qué es lo peor que podría pasar?¨, pero NO, casi siempre optaremos por ver lo catastrófico de la situación. Tampoco dejamos de pensar en los debería, tenemos miles de frases tatuadas en la mente, como ¨Debería ser el mejor trabajador¨ , ¨debería ser menos sensible¨ , ¨debería ser un mejor padre, una mejor madre, un mejor hijo o hermana¨, debería, debería, debería. Y así ya transcurrieron 3 horas, viviendo a mil en el futuro, quejándonos del pasado y ansiosos por el futuro, ahí estamos nuevamente como si el presente solo no existiera, como si nuestros silencios ,pausas y vacíos no valieran nada, no valieran el tiempo, como si nosotros no fuéramos suficientes; y es que eso no se enseña, no nos enseñan a decirnos ¨seré paciente conmigo mismo, tengo que tratarme con amor¨, sino más bien ¨seamos pacientes con el de al lado, seamos empáticos siempre con los demás¨. O en otros casos, nos quedamos mirando el techo por 3 horas, en blanco, en la nada, sin pensar, pero tampoco sin poder dormir, esperando que del agotamiento podamos pegar el ojo como por arte de magia, creyendo que no estamos sintiendo absolutamente nada, sin pensamientos, sólo en la nebulosa, esperando quietamente el día de mañana pensando pensando y a la vez queriendo que no llegue nunca.
Y es que ahí estamos, ahí somos, antes de dormir, donde salen nuestros miedos a querer conversar con nosotros, y dónde estamos nosotros?, quizá viendo Netflix para no pensar, o hablando con el otro para ver cómo le fue en el día y parecer almenos un poco empático así como nos enseñaron de pequeños, para que luego no digan, que somos de lo peor, en nuestra propia familia o para no sentirnos mal porque olvidamos preguntar, pero ahí estoy, ahí estás, listo para responder cuando ni siquiera sabemos escuchar, porque ya hasta se nos olvidó que oír y escuchar no es lo mismo., pero como llevamos prisa para supuestamente dormir temprano, juntamos los conceptos hacemos una súper mezcla, y tenemos lista la respuesta cuando ni terminamos de entender qué dijeron.
Ahí estamos, pero en realidad ya nos fuimos hace mucho, tanto tiempo atrás que no identificamos ni el momento ni el lugar dónde nos perdimos, ¿en qué momento nos convertimos en lo que somos hoy?, y en qué momento perdimos la esperanza de transformarnos en alguien mejor?, o en el peor de los casos, ni siquiera darnos cuenta de que nos perdimos, como el alma que muere y aún no se da cuenta que ya se fue del plano terrenal, quien cree que está, pero en realidad ya no.
Ahí estamos cuando tocamos fondo, tratando de salir, que nos saquen del hoyo en el cual nos encontramos, en el cual nos metieron o nos metimos nosotros mismos por elección, dando manotazos de ahogado, buscando ayuda, en el psicólogo, en el psiquiatra, o en la página del más top en el horóscopo, y por último, cuando ya no queda nada más, pasa algo inesperado, ahí estamos parados, sentados como podemos, pero finalmente con algo extraño que llaman VIDA y ya con dudas de ella, de todo y de todos.
Y probamos lo que nos queda, la última carta, y nos aventuramos, tocamos la puerta al silencio, a la pausa, al vacío y a los sueños, para ver si nos pueden atender después de tantos desplantes y con un poco de suerte ser iluminados. Ahí estamos, cargando como podemos estas tres palabras por las cuales no dimos ni 10 centavos al inicio, decidiendo por fin que éstas tres cosas ya no nos vean prestando atención y apostando por el mundo de allá afuera, por lo que piensan los otros, por lo que sienten los demás, por el futuro que aún no llega, y por un pasado que ya no volverá.
Y es que ahí realmente estamos…
@Psico. Jacqueline Escobar

…. 1/05/2020




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